Carrera prohibido rendirse

CUMPLEN MILES CON EL RETO «PROHIBIDO RENDIRSE»

Una experiencia de vida, un reto personal que cumplir o simplemente una tradición familiar, en eso se ha convertido la carrera con obstáculos Prohibido Rendirse, que este domingo vivió su séptima edición con la participación de más de 2500 competidores.

Tal y como ha sucedido en los últimos cuatro años, la orilla del cerro del Centinela se convirtió en la sede en la que se instaló el circuito con más de 10 pruebas extremas, mismas que pusieron a prueba la fortaleza física y mental de los participantes.

El Instituto Municipal del Deporte y la Cultura Física de Mexicali, que dirige la Doctora Lourdes Cañez, estuvo presente con todo su equipo técnico para hacerse cargo de la logística del evento, atendiendo así, la petición de apoyo solicitada por la Fundación UABC.

A las 8:00 horas dio inicio el evento con la primer salida que incluyó a centenas de personas, pero previamente se realizó la ceremonia inaugural con la bendición de un sacerdote y con una activación física masiva, a modo de calentamiento.

La Categoría Élite  fue la única que tuvo ceremonia de premiación como tal, con sus respectivos trofeos, mientras que el resto de corredores que estuvieron saliendo por horarios en distintos, recibieron solamente medalla alusiva al terminar el reto.

Los campeones absolutos de este año en la ruta de cinco kilómetros, fueron Rolando Real y Yesenia Solorio, terminando el recorrido en 31 minutos con 15 segundos y 43 minutos con 55 segundos, respectivamente.

El podio varonil se completó con las llegadas del estudiante del Grupo 16 de Septiembre, Fernando Díaz y del joven Fernando Campos, quienes cronometraron 33: 06 y 34:55, de manera respectiva.

Mientras que en el grupo femenil, Clara Anaya fue subcampeona con sus 46 minutos y 40 segundos, superando a Karla Hernández quien se apoderó del tercer lugar al llegar a la meta en 48 minutos y 19 segundos.

Las pruebas fueron en su mayoría de resistencia física, con dinámicas de escalar y tarimas y colgarse de extremo a extremo, sin dejar de lado las clásicas como la laguna de lodo y la tina de pacas.
El final del circuito fue algo de lo que más se disfrutó, pues se trató de un tobogán acuático a escasos metros de la meta